El Líbano enfrenta uno de los momentos más críticos de su historia reciente, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que ha alertado que el país “atraviesa su periodo más mortífero en una generación” debido a los constantes bombardeos de Israel. La situación ha llevado a una escalada de tensiones que amenaza con desestabilizar aún más una región ya marcada por décadas de conflicto y crisis humanitarias.
Contexto del conflicto
La última escalada de violencia entre Israel y el Líbano se ha intensificado en las últimas semanas, con intercambios de fuego entre el ejército israelí y el grupo militante Hezbollah, que tiene una fuerte presencia en el sur del Líbano. Los bombardeos, que han devastado zonas residenciales y han dejado a miles de civiles en una situación de vulnerabilidad extrema, han sido condenados por la comunidad internacional, pero la violencia sigue en aumento.
Según datos proporcionados por la ONU, más de 200 personas han perdido la vida desde el comienzo de los bombardeos, la mayoría de ellas civiles, incluidos mujeres y niños. Las infraestructuras esenciales, como hospitales, escuelas y redes eléctricas, han sufrido graves daños, lo que agrava la crisis humanitaria en un país que ya estaba luchando contra una grave crisis económica y política.
La declaración de la ONU
En un comunicado emitido este lunes, el Coordinador Especial de la ONU para el Líbano, Joanna Wronecka, expresó su profunda preocupación por la situación y advirtió que el país está “al borde de un colapso humanitario sin precedentes”. Según Wronecka, “Líbano atraviesa su periodo más mortífero en una generación debido a los incesantes bombardeos de Israel y la falta de medidas efectivas para proteger a los civiles”.
La ONU ha instado a ambas partes a que detengan inmediatamente las hostilidades y reanuden las negociaciones para evitar una catástrofe humanitaria de mayor envergadura. “El uso indiscriminado de la fuerza en áreas densamente pobladas constituye una violación del derecho internacional humanitario”, afirmó Wronecka, haciendo un llamado urgente a la comunidad internacional para que intervenga y medie en el conflicto.
Las repercusiones en la población civil
La población civil ha sido la más afectada por la escalada de violencia. Según informes de organizaciones no gubernamentales y agencias de ayuda humanitaria, los bombardeos han desplazado a más de 50,000 personas en el sur del Líbano. Estas familias, muchas de las cuales ya vivían en condiciones precarias, ahora enfrentan la falta de alimentos, agua potable y atención médica básica.
El sistema de salud, que ya estaba colapsado debido a la crisis económica y la pandemia de COVID-19, está ahora al borde de la quiebra total. Los hospitales, sobrecargados y con escasez de suministros, luchan por atender a los heridos, mientras que muchos pacientes con enfermedades crónicas no tienen acceso a los tratamientos que necesitan.
Organizaciones internacionales como Médicos Sin Fronteras y la Cruz Roja han advertido que la situación en el Líbano es insostenible y que, si no se pone fin a los bombardeos, el número de víctimas seguirá aumentando exponencialmente.
La respuesta internacional
A nivel global, la respuesta ha sido de condena generalizada hacia la violencia en la región. Países como Francia, que históricamente ha tenido vínculos estrechos con el Líbano, ha hecho un llamado a Israel para que detenga sus operaciones militares y evite mayores daños a la infraestructura civil. El presidente francés, Emmanuel Macron, calificó la situación como “inaceptable” y pidió a ambas partes que regresen a la mesa de negociaciones.
Por su parte, Estados Unidos ha mostrado su apoyo a Israel en su derecho a defenderse de los ataques de Hezbollah, pero también ha expresado su preocupación por la situación humanitaria en Líbano. El Departamento de Estado estadounidense ha subrayado la necesidad de proteger a los civiles y de permitir que la ayuda humanitaria llegue a las zonas afectadas.
Hezbollah y el papel de Irán
Uno de los factores que complican el conflicto es el papel de Hezbollah, el grupo chiita respaldado por Irán que controla amplias zonas del sur del Líbano. Hezbollah ha sido un actor clave en la política libanesa y ha mantenido una postura beligerante frente a Israel durante décadas. Los recientes ataques con cohetes hacia Israel han sido atribuidos a facciones dentro de Hezbollah, lo que ha generado represalias militares por parte del ejército israelí.
El conflicto ha exacerbado las tensiones entre Israel e Irán, quienes mantienen una rivalidad geopolítica en toda la región. Teherán ha mostrado su apoyo a Hezbollah y ha condenado los ataques de Israel, calificándolos de “actos de agresión”. La preocupación de la comunidad internacional es que el conflicto en el Líbano se convierta en un escenario más amplio de confrontación entre Israel e Irán, lo que podría desestabilizar aún más el Medio Oriente.
¿Qué sigue para Líbano?
El futuro de Líbano es incierto. Con una economía en colapso, una clase política profundamente desacreditada y un conflicto armado que parece no tener fin, el país enfrenta enormes desafíos. La ONU y otras organizaciones humanitarias han solicitado con urgencia mayores fondos y apoyo internacional para evitar una catástrofe humanitaria, pero las soluciones a largo plazo parecen aún lejanas.
Los expertos coinciden en que la única manera de evitar un desastre mayor es mediante una solución diplomática que implique a todas las partes del conflicto, tanto internas como externas. Sin embargo, lograr un acuerdo que satisfaga a los actores regionales, incluidos Israel, Hezbollah e Irán, será un desafío monumental.
El Líbano está atravesando uno de los momentos más oscuros de su historia reciente. La advertencia de la ONU sobre la gravedad de la situación no debe ser tomada a la ligera, y la comunidad internacional tiene la responsabilidad de intervenir para detener la violencia y proporcionar la asistencia humanitaria necesaria. Si no se actúa con rapidez, el país podría enfrentarse a una crisis aún mayor, con consecuencias devastadoras para toda la región.